5 trucos que he aprendido en mi ruta por el minimalismo y el cuidado del medio ambiente

28.06.2020

Antes que muriera mi abuela intenté explicarle lo que era el minimalismo y mientras lo hacía empecé a sentir una especie de vergüenza generacional. Mi abuela, la mayor de 10 hermanos, era la encargada de adaptar con una máquina de coser toda la ropa para que fuera usada por todos los hermanos, del mayor al menor. No eran pobres, la familia era dueña de una de las dos tiendas del pueblo, todo se vendía a granel y el papel de baño era un lujo.

Así pues, creo que el minimalismo es un movimiento de nuestra generación para contrarrestar el estilo de vida consumista resultado de la producción en masa. Nuestra economía está basada en el consumo, por tanto hemos crecido con la idea tener mas cosas y "mejores",  siempre con la promesa de que harán nuestras vidas más fáciles. Pero nada más lejos de la realidad. Tener más nos hace la vida mas complicada.

El principal precepto del minimalismo como forma de vida es vivir con menos, para dar espacio a las cosas verdaderamente importantes y  vivir mejor. Así pues, vivir con menos, no significa deshacernos de lo que tenemos, si no poseer menos objetos materiales que realmente usamos en nuestra vida y de mejor calidad. Por otro lado vivir mejor, implica valorar más lo que tenemos e invertir el tiempo en lo que realmente nos importa, tiempo que de otra manera estaríamos gastando en ordenar, comprar más o intentando satisfacer las ansias de poseer más.

El camino del minimalismo no es una línea recta, ni tampoco un lugar a dónde llegar. Hace 5 años leí el libro de Marie Kondo y durante 3 meses cada habitación de mi casa sufrió cambios radicales y algún viaje al contenedor para recuperar algo que mi pareja no estaba de acuerdo en deshacerse. Hice el reto de vivir con 33 prendas en mi closet y fue fantástico, pero insostenible para mí. Poco a poco he ido haciendo cambios en mi familia, por ejemplo, cuando mi hijo cumplió 2 años pedí que no le hicieran regalos materiales, sin embargo 2 años después no puede convencerle de lo mismo y 22 nuevos juguetes entraron en nuestras vidas en una tarde.

Así que no me considero una minimalista pero sí creo que he empezado un camino en el cual no hay marcha atrás. Algo que me ayudó a darle sentido a este cambio es que esta forma de vida contribuye al cuidado del medio ambiente. Al tener menos necesidades, consumimos menos, reducimos el uso de recursos y simplificamos nuestras compras. La mayoría de los "gurus" del minimalismo ni siquiera mencionan la relación del minimalismo con el medio ambiente, pero para esta conexión significó un importante propósito.

De todo lo que he intentado aquí os 5 trucos que practico y que me siguen funcionando.

Cuestionar cada compra y postergarla. ¿Realmente lo necesito? ¿Qué pasa si no lo compro? ¿Qué pasa si lo compro en 1 mes? Esta reflexión me ha salvado de compras compulsivas y de estrategias de marketing. Nunca fui muy adepta a pasear por un centro comercial, pero ahora conscientemente como familia los evitamos, todo es una invitación a comprar y además de que te siembran necesidades que no tienes.

  • Buscar alternativas de consumo responsable. Una vez que mi posible compra ha sobrevivido a todos las preguntas y que he decidido realmente se que lo quiero esto en mi vida, investigo sobre maneras de consumir conscientemente. Por ejemplo, hace poco tuve que cambiar mi ordenador y mi móvil, ambos que utilizo todos los días y no quería dejar de lado la calidad, descubrí el mercado de los artículos reacondicionados. Obtienes un producto, con garantías de que ha sido revisado para su venta, muchas veces los artículos son nuevos, pero vienen sin su embalaje original. Además el ahorro es de un 20 a 80% menos que el precio original.
  • Encontrar el flujo de los objetos. Si bien mi principal idea es consumir menos, hay cosas inevitables como ¿qué hacer con la ropa que ya no le queda a mi hijo? O la mía misma que por desgaste o cansancio ya no me pongo. Pues sí está en buen estado, inmediatamente y sin pensarlo lo donamos o lo ponemos a la venta online. No se va a un altillo, ni a una caja a coger polvo. Si algo se rompe, somos realistas respecto a las posibilidades de arreglarlo o no y nos despedimos rápidamente. Esto evita acumulaciones.
  • Reducir la cantidad de objetos a la vista. Algo que no me gustaba del minimalismo puro, era la facilidad con la que se propone desechar objetos, que aunque se donen al final generan más basura. Una de mis estrategias ha sido almacenar principalmente ropa, juguetes, accesorios y decoraciones. Cada cierto tiempo los reviso y a veces es una alegría reencontrarse con esos objetos, otras por el contrario me convenzo de que tienen que salir de mi vida.
  • Producir menos basura. Una de las razones para seguir el minimalismo es cuidar el medio ambiente y vigilar la generación de basura de los productos que consumo. Consumir a granel, además de que simplifica la compra, es más sano. Pasarte al champú y jabón sólidos es un acto muy sencillo y ahorras espacio y más de 40 botellas de plástico al año en vertederos.

Creo que estoy lejos de ser minimalista, mi casa esta desordenada la mayor parte del tiempo, pero me toma mucho menos tiempo ordenarla. Mi armario está lejos de verse como esos armarios cápsula escandinavos, pero tengo tan poca ropa que no pierdo tiempo en decidir que ponerme. Cuando veo las pocas prendas que tengo, pienso en mi abuela que tenia un vestido para ir a misa los domingos y absolutamente a nadie le importaba que fuera el mismo. Eso sí, le quedaba perfecto y era su estilo.